Quiero vivir el mundo donde todos despleguemos nuestro ser y juguemos en beneficio de todos.

Cuando somos papás o mamás, aparece la pregunta por la educación de nuestras hijas e  hijos. Cuando nació la Sol, mi hija mayor, yo trabajaba como profe de Lenguaje y Comunicación en un colegio y la pregunta por su educación me llevó a comprender que no deseaba para ella la escolarización.

Recuerdo un momento en el que -haciendo memoria- descubrí que había perdido mucho tiempo en el colegio. Con muy buenas intenciones, nuestros profesores intentaron enseñarnos muchas cosas y evaluaron nuestro aprendizaje. Nos pusieron notas. Tuvimos que aprender muchísimas cosas de memoria y demostrar que las habíamos aprendido. Algunos lo logramos y otros no. A mí me fue bien, pero ya olvidé la gran mayoría de esos contenidos que pude reproducir con éxito.

Pero no olvidé el respeto con el que me trataron. Creo que con mis compañeros tuvimos la suerte de tener profesoras y profesores que nos amaron. Estudiamos en un colegio donde a la mayoría de los profes les gustaba hacer lo que hacían y donde se nos ofrecieron muchas cosas para aprender que no existen en otros espacios educativos: bella y rica biblioteca, laboratorios dispuestos para hacer ciencia, cancha de pasto, espacios amplios, contacto con la naturaleza, laboratorios de computación, auditorio como teatro… En este sentido fuimos privilegiados y me gusta pensar en los privilegios como una responsabilidad, no solo como un derecho.

El haber estudiado en un buen colegio no me impide pensar que el sistema educacional está enfermo, incluso en espacios privilegiados como el que yo pude experimentar. Creo, a partir de varias lecturas y conversaciones, que nuestro sistema educacional está organizado desde una idea -a mi juicio- errónea sobre el ser humano. Cuando hacemos educación, generalmente creemos que hay personas que son mejores que otras. Yo experimenté durante mi vida escolar la consideración de que era mejor para aprender que muchos de mis compañeros. Los adultos con los que conviví lo consideraban así y fui premiado por ellos con buenas notas y diplomas; y yo construí esa idea de mí también.

Hoy creo que no soy mejor que nadie.  Me cuesta hacerlo porque llevo una larga vida creyéndolo. Lo quiero creer para liberarme. El costo del éxito y el fracaso en el sistema escolar es que se corre el riesgo de perder la esencia. Corremos el peligro de perdernos en el océano de los juicios y las expectativas de los otros. ¿Quines somos? ¿Qué nos hace especiales y únicos, y cuáles son los dones  que tenemos para regalar a los demás?

En las escuelas y las universidades creemos que hay personas más dotadas que otras. Creemos que hay personas que son más inteligentes. En la base de la forma como construimos la educación está la idea de que hay una jerarquía natural entre los seres humanos que debe ser descubierta para que cada uno ocupe su lugar. Premiamos y felicitamos a quienes triunfan. ¿Qué hacemos con los que no?

Hace alguno días escribí una entrada sobre algunas ideas para nuestros sistemas de educación. Te invito a conversar sobre ellas. Creo, a partir del estudio de autores como André y Arno Stern, que hay una posibilidad de sanar nuestros sistemas de educación por medio de un mecanismo natural llamado ‘juego’. Creo que el juego es el mecanismo que nos permite aprender y crear todo lo que queremos desde nuestro ser único por medio del entusiasmo y el placer a partir de todo lo que se nos ofrece en las relaciones con nuestro entorno o nicho. Para poder jugar necesitamos colaborar y no competir; y cuando jugamos, creo que somos felices y creamos estados de bienestar, incluso en las condiciones más adversas.

A mí me gustaría que la vida humana fuera un juego. ¿Lo creamos juntos?

Foto de Robert Collins en Unsplash

2 comentarios en “Quiero vivir el mundo donde todos despleguemos nuestro ser y juguemos en beneficio de todos.”

  1. querido Nico, después de leer tu artículo, quedan muchos cuestionamientos dando vuelta, eso es genial, porque así se construye el dialogo (o al menos me gusta creer en ello)… tal como planteas el sistema escolar chileno está enfermo, pero, no es solo un problema de educación sino del sistema social completo… no es solo la escuela; es la salud, la alimentación, la cultura, etc… se hace más visible en la educación convencional porque es allí donde se deberían generar cambios significativos que contribuyan al desarrollo humano pero esta, sigue inmersa en ideas anticuadas y obtusas porque al modelo social en el que vivimos le interesa mantener ese modelo anticuado.
    La escuela formal tiene prohibido el juego, y aquello que llaman “juego” también está estructurado, normado, condicionado (Ej. los aniversarios de los colegios, campeonatos deportivos, actividades extraprogramaticas…) Creo que aun existe un temor profundo a la libertad de ser, que no tiene que ver con que cada uno haga lo que le plazca sin pensar en el otro, sino, con la idea errada que la espontaneidad, la creatividad, la diversión generan situaciones problematicas: Nuestra sociedad y por supuesto la escuela están enfermas porque temen. Temen a todo lo que no es “normal” y cual es la mejor manera de mantener todo sin problemas y dentro de la “normalidad”, pues estructurando, ordenando, uniformando, reglando…Mostrar nuestra esencia, regalar a los demás tus dones y eso que te hace tan único y diferente, exige salirte de la “norma” por lo tanto el temor a lo diferente aparece y los colegios rápidamente buscan que te “acomodes” a su “normalidad” o te expulsan. Creo que ni en los colegios privilegiados ni en los colegios sin recursos los estudiantes se salvan de esta realidad, por eso la deserción escolar, los 2×1 para sacar la enseñanza media, los muuultiples trastornos que existen en el diagnostico escolar, la frustración de los estudiantes,etc. Desde tu experiencia hablas amorosamente de los privilegios recibidos, también les enseñaron que eran “mejores”. Hoy tu haces el balance o miras las cosas desde una perspectiva adulta para quedarte con lo más bello de ese sistema. En la actualidad (independiente del colegio, con recursos o sin ellos) los chicos se sienten “mediocres” nunca serán lo suficientemente buenos en “todo” y esto ocurre porque en la “normalidad” los estudiantes se deben “destacar en lo acádemico, lo deportivo, lo económico, lo cultural, lo valórico, en su apariencia física (“bonitos o feos”) inclusive en cumplir correctamente con el uso del uniforme, solo así serás considerado UN BUEN ESTUDIANTE. Durante la enseñanza básica es un poco más fácil que los alumnos se salgan de la norma sin sentir con tanto dolor el peso de su diferencia, pero despues de 8 años de escolarización, necesitan desesperadamente revelarse, porque necesitan ser vistos desde esa cualidad personal.
    El cambio desde dentro del sistema educacional formal, está difícil y si se quieren generar cambios, debe ser desde nuevos sistemas, porque se necesita un cambio generacional que involucra a padres abiertos al cambio (te felicto por ello); requiere administrativos y directivos que gestionen desde un liderazgo positivo dentro la comunidad; require docentes capaces de hablar de educación, de nuevas metodologías.
    Los niños quieren jugar, los estudiantes quieren aprender, quieren disfrutar y crecer en un entorno amoroso donde se respeten sus diferencias, donde los destaquemos simplemente por SER, por EXISTIR, CON TODAS SUS VIRTUDES, por que la vida es en sí un regalo maravilloso, pero los adultos que los rodean dentro del “sistema formal” no los estamos dejando.
    Para que nuestros estudiantes vuelvan a florecer, necesitamos perder el miedo. Ahora, la pregunta es ¿cómo nos ayudamos para no tener miedo?..
    Lo más probable es que mi comentario, no entrege ninguna propuesta con respecto a tus ideas sobre educación y juego, más bien solo refuerza la idea que dentro de los sistemas formales de educación no se puede. Los colegios tienen el “juego” armado y las reglas son claras. Jugar y divertirse dentro del sistema escolar no está permitido. Pero, ¿qué hacemos con los niños que deben estar ahí? los niños dentro del sistema escolar formal, también necesitan jugar, reirse, sentir que son buenos para algo ¿cómo los ayudamos? y con esto, solo más preguntas para una nueva reflexión…jajajja.
    Gracias infinitas por el espacio, la reflexión y las palabras. un abrazo enorme y que este dialogo continúe.

    PD: yo también quiero ese espacio de juego, pero aún no se cómo… 😉

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    1. Me he preguntado bastante sobre el miedo. El miedo a lo desconocido. El miedo al dolor. El miedo a la muerte. El miedo al futuro de los niños. La comunicación no violenta propone que el miedo es un sentimiento y que los sentimientos no son malos ni buenos. Los sentimientos nos conectan con nuestras necesidades satisfechas e insatisfechas. Creo que parte del miedo en la educación es un miedo al error. Los errores se castigan. Por lo que en realidad cuando tememos al error creo que es un miedo al castigo. Todos tenemos la necesidad de ser amados, y todos tenemos necesidades de alimentación, vivienda, salud y entretenimiento que satisfacer por medio de la retribución de nuestro trabajo. Los niños temen a las malas notas y al desamor de los papás y profesores. Los profesores tememos que nos echen de nuestro trabajo.
      Yo creo que los castigos no sirven para aprender. Son una mala estrategia que venimos utilizando hace miles de años, pero confío que ha llegado el momento de darle una vuelta. Creo que es mucho más amoroso que todos aprendamos jugando. Creo que si seguimos el consejo de Marshal Rosenberg, podemos cambiar el mundo: “Cuando aconsejo: «¡Haga lo que haga, que sea un juego!», hay quienes me toman por radical y hasta por loco. Sin embargo, creo firmemente que una forma importante de autocompasión es hacer elecciones motivadas solamente por nuestro deseo de contribuir a la vida y no por sentimientos de miedo, culpa o vergüenza, o por un sentido del deber u obligación”.

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