Educación regenerativa

En un libro dedicado al juego, Stuart Brown, médico, psiquiatra e investigador, se refiere al juego en el reino animal. Después de haber estudiado extensivamente el juego en los seres humanos se dio cuenta de que si quería comprender realmente la función de este comportamiento debía estudiarlo en un contexto biológico y evolutivo. Con ese fin, se contactó con Bob y Johanna Fagen, expertos en el comportamiento animal del juego, quienes estaba desarrollando la obervación más larga del juego animal en estado salvaje.

Después de observar juntos un alucinante momento de juego de osos grizzly en Alaska, le preguntó:
– “¿Por qué juegan estos osos?
– Porque es divertido.
– No, Bob, te pregunto por un punto de vista científico, ¿por qué juegan?
– ¿Por qué juegan? Por la misma razón que los pájaros cantan y las personas bailan. Por el… placer de jugar.
– Bob, tu tienes estudios de Harvard, del MIT y un profundo conocimiento de los osos. Estudias la evolución y has escrito un trabajo definitivo sobre el juego de todos los mamíferos. Yo sé que tienes más opiniones sobre esto. Cuéntame, ¿por qué los animales juegan?
Después de un largo y tolerante silencio en el que me sentí como si él fuera un artista sensible teniendo que explicar una pintura sublime a un bobo sin gusto, Bob cedió. Él contestó a regañadientes:
– En un mundo que presenta continuamente desafíos únicos y ambigüedad, el jugo prepara a estos osos para un planeta en evolución”.
(Play. How it Shapes the Brain, Opens te Imagination and Invigorates the Soul, Stuar Brown with Chrisstopher Vaughan)

Hace días vengo rumiando esta lectura. Ayer cobró especial intensidad en mi juego de pensar la educación. Si la conducta ‘juego’ nos prepara para la vida en un mundo siempre cambiante, qué sucede con nuestra especie cuando ninguneamos el juego, le restamos importancia, lo relegamos a la infancia y lo consideramos improductivo e inútil. ¿No será que esta forma de comprender el juego nos está limitando en nuestro desarrollo evolutivo?

Creo que sí. Creo que la separación artificial que establecemos entre e juego y la educación (entre el recreo y las clases, por ejemplo), está limitando el desarrollo humano.

Ayer conversaba estas ideas con mi amigo Pablo. Conversamos sobre el juego en nuestra especie y cómo estamos diseñados para jugar, al punto que todos podemos observar que si dejamos tranquilas a nuestras crías, lo que hacen en forma innata es jugar (Arno Stern). Pablo me hizo ver lo mucho que ha jugado nuestra especie en nuestra historia evolutiva, al punto de crear las complejas sociedades que tenemos hoy. Tanto hemos jugado que hemos creado incluso complejos sistemas educativos que menoscaban nuestro juego en función de la productividad.

Creo que hicimos trampa con el juego de la educación porque lo hemos transfromando en un instrumento para reproducir la estructura social y lo seguimos sosteniendo con muy buenas intenciones, pero con un profundo desconocimiento de nuestra naturaleza. Pero si lo vemos como una trampa y no nos dedicamos a culparnos unos a otros, creo que lo podemos resolver.

Creo nos encontramos en un momento privilegiado de la historia de la humanidad. Creo que si arrojamos suficiente conciencia sobre la importancia del juego para el desarrollo del ser humano en un mundo en constante transformación, podemos vivir en paz. Es una convicción profunda. Creo que el objetivo de la educación debería ser preparar a los seres humanos para un mundo en constante cambio. Creo que nuestros sistemas educativos actuales se quedan muy cortos y hoy sirven al objetivo de la reproducción y la repetición de culturas pasadas. Si de verdad queremos preparar a las niñas, los niños y los jóvenes para el mundo del mañana, creo que nuestra educación debería ser nuestro juego y nuestro juego deberíamos considerarlo como nuestra educación.

¿Qué quiero decir con todo esto del juego y la educación? Cada uno de nosotros es muy bueno haciendo algunas cosas. Desde muy pequeños mostramos un talento innato para ciertas actividades. Si organizáramos nuestros sistemas educativos en función de estas búsquedas personales que Arno Stern nombra ‘derivas personales’, que se revelan a través del juego libre y se enriquecen con los elementos que el entorno nos ofrece, creo que cada uno de nosotros podría encontrar su lugar en el mundo. Creo que todos podríamos alcanzar estados de bienestar, no exentos de dolor, pero libres del sufrimiento al que estamos sometidos en este mundo que construimos en función de la acumulación, el miedo, el individualismo, la producción industrial, el consumo, etc.

Yo prefiero un mundo de autonomía y colaboración como el que proponen Ximena Dávila y Humberto Maturana. Creo que si aprendemos a respetar el juego de todos y nos permitimos jugar, podremos aprender a construir el mundo en el que queremos vivir y estaremos mejor preparados para los cambios que están ocurriendo y que ocurrirán. Creo que así también amaríamos más la vida y nos cuidaríamos más entre todos. Creo que la vida puede ser un juego. No quiero vivir la esclavitud.

Escribiendo este texto y a partir de los estudios de permacutura y agricultura regenerativa, me hace sentido hablar de una educación regenerativa. Al igual que el movimiento que busca restaurar la vida de nuestros suelos (destruida por el error ecológico de la agricultura industrializada) nosotros queremos aportar a la restauración de la vida en los espacios educativos (¿destruida por el error cultural de la industrialización?): hogares, familias, salas cuna, jardines infantiles, colegios y universidades. Es lo que proponemos por medio de nuestro proyecto educativo “Tierra de Niñ@s”. Un proyecto de educación autónomo, comunitario, que busca ser respetuoso con los procesos humanos y que hemos construido un grupo de familias diversas que nos encontramos y reunimos para criar amorosamente a nuestras hijas e hijos, para cuidarnos unos a otros también.

¿Qué piensas-sientes de estas ideas? Podemos aprender todos si conversamos.

En este momento necesitamos ayuda con la difusión de estas ideas si te hacen sentido y necesitamos ayuda para financiar nuestra investigación. Te agradezco si puedes compartir esta página con personas que creas que puedan querer hacerlo. Todos están invitados a este juego de regenerar la educación y estamos disponibles para conversar con quien quiera.

Nos pueden contactar escribiéndonos a raiceslaserena@gmail.com

Gracias por leer. Un abrazo fraterno.

Foto de Daniil Avilov en Unsplash

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